La escritora argentina Cecilia Rodríguez obtuvo en España el III Premio Internacional de Novela Corta Francisco Ayala por No debería excitarme que hables así, una obra que reflexiona sobre la autodestrucción, la poesía y el amor. El jurado destacó su “poética resistente”, capaz de dialogar desde lo global con una cultura de la desfragmentación de modelos que se diluyen entre el arte pop, el rock y una historia de amor.
Nacida en Rosario en 1984 y radicada actualmente en Buenos Aires, Rodríguez combina su trabajo en el ámbito de los sistemas informáticos con una intensa vida literaria. Cursa la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes y colabora con publicaciones dedicadas a la literatura y la cultura, un recorrido que revela hasta qué punto la escritura argentina se nutre hoy de trayectorias diversas y no siempre profesionalizadas en el sentido tradicional.
El certamen, que reconoce la memoria del gran escritor granadino Francisco Ayala —miembro de la Real Academia Española y ganador del Premio Cervantes y del Príncipe de Asturias de las Letras—, alcanzó en esta edición una dimensión verdaderamente internacional: participaron 1.017 novelas procedentes de 27 países, y más de la mitad de los originales llegaron desde el extranjero. El premio consiste en 6.000 euros y una obra artística conmemorativa diseñada especialmente por el profesor de escultura de la Universidad de Granada Balbino Montiano.
La novela ganadora fue editada por el sello Traspiés. Entre los antecedentes literarios de Rodríguez figuran El triángulo, publicado en 2018 por Editorial El Salmón, y Los cuentos de la abuela loba, su segundo libro, además de diversos relatos reconocidos en certámenes. Su obra viene ganando visibilidad en el circuito de la nueva narrativa argentina.
El palmarés del Francisco Ayala reúne ya a autores de prestigio y a nuevas voces: en la primera edición fue distinguido el español Antonio Tocornal por Árida, y en la segunda la autora Naira Marco por Una isla dentro de la isla. El triunfo de Rodríguez confirma que la literatura argentina continúa proyectándose con fuerza más allá de sus fronteras, incluso desde autoras que recién comienzan a ocupar un lugar central en el panorama.